Gràcies a la familia Forcadell Gaona de Morelia (Michoacán-Mèxic): Núria, Pilar i Inés.

divendres, 8 d’abril de 2011

Traslado a Albero Alto (Huesca) 23/11/1937

Varios días duró en nuestros cerebros el recuerdo de ese día tenebroso, pero poco a poco se fue disipando y pensando siempre en que peligros de mayor trascendencia nos esperaban, nos fuimos preparando para que cuando llegara el momento nos agarrara con menos intensidad de nerviosismo.

Tardienta any 1936
Una orden dada por el mando de la brigada, ordenaba que inmediatamente se formara todo el batallón y en marcha ordinaria nos trasladáramos al pueblo de Albero Alto, sitio donde quedaríamos acantonados para salir inmediatamente para el frente. El día 23 de noviembre, llegábamos al citado pueblo con gran curiosidad de la gente, pues a pesar de la proximidad del frente nunca había habido allí tanta fuerza acantonada.

La ciudad de Huesca, queda a 6 Km. de nuestra vista y perfectamente se oía el repique de las campanas y inclusive con mis prismáticos de campaña se veía a la gente andar por la ciudad. Ésta presentaba un aspecto pobre, mísero, la artillería y la aviación había dejado en sus calles la huella de la destrucción. Una ciudad que en otros tiempos había sido el orgullo y la admiración de la toda provincia, aparecía a mi vista como un cuerpo de una larga y cruel enfermedad que deja sus lacras de muerte, señalados para toda una vida.

Ermita de Santa Quiteria
Sus campos tan fértiles, que en años atrás habían sido las reservas de los enormes trigales aragoneses, aparecían como simples campos donde las plagas hacen mella en ellos. Ni un palmo de terreno en una extensión de más de 10 km. era cultivado. La guerra había acabado con la producción, los hombres que cultivaban aquellas tierras habían tenido que acudir al llamamiento de su gobierno, tarde o temprano España tenia que sufrir las consecuencias de ésta inactividad.

Agustí Centelles: Huyendo del bombardeo, Tardienta, año 1937
Los mismo se encontraban las familias que componían, toda esta comarca los enormes contingentes de tropas que por ella habían pasado, ante la escasez de muchas veces de comestible, tenían que recurrir a la hospitalidad de la gente y muchas veces, y por cualquier causa ésta era negada recurrían a la violencia, aunque luego sufrieran las consecuencias de un duro castigo por parte de sus superiores. De aquí precisamente que al llegar nosotros, la miseria se había apoderado de aquellas gentes y la mayoría de las veces teníamos que ser nosotros los que teníamos que ayudarles.

El puesto de mando de mi compañía fue instalado en la casa de la familia Díaz, una honrada y noble casa de tiempos remotos habían sido el amparo y la ayuda de la gente modesta y laboriosa. Con ciertos reparos fuimos aceptados allí por creer que nuestra presencia fuere motivo de disgusto para ellos, pero dándome cuenta de la gente con quien tenia que tratar, les hablé personalmente, haciéndoles ver la misión que nosotros teníamos y que de ninguna manera nuestra presencia fuere motivo de disgusto para ellos.

Serian las cuatro de la mañana del día 25 de noviembre de 1937 cuando una voz de mujer me despertó del sueño que me tenia postrado y levantándome con rapidez vi la silueta de la hija mayor del patrón donde habíamos sido alojados. Pregunté que le pasaba y con voz trémula me indico que su madre había sufrido un ataque cardíaco y que fuera en ayuda suya inmediatamente. Personando a la habitación dónde la enferma, y viendo la gravedad de la misma. Me trasladé con urgencia a buscar al Dr. Puigdueta, médico de mi batallón y hombre de ciencia.

Batalla de Monte Pelado: El 28 d'agost de 1936 al Monte Pelado, al front d'Aragó, entre Osca i Almudévar (Aragó, Espanya)
Brigades internacionals
Cuando el doctor se personó en casa de la enferma. Ésta se hallaba en estado agónico, pero llegó a tiempo y pudo aplicarle varias inyecciones de alcanfor y evitó un desenlace fatal. En toda la noche no se separó un momento el doctor de la cabecera de la enferma, todos los cuidados fueron para aquella pobre señora que parecía que en un momento iba a entregar su alma a Dios. La noche la pasó algo mejorada y a la mañana siguiente con el coche del comisario me trasladé al puesto central sanitario, para recoger unas inyecciones recetadas por el médico. La familia no sabia como agradecerme lo poco que a mi parecer había hecho yo por aquella buena señora, pero al cabo, para mi era un deber, puesto que se trataba de un semejante mío sea blanco sea negro, pero semejante al fin.< >A partir de este día, la confianza entró en aquella santa casa y todo lo que en un principio parecía recelo, se volvió en amistad, hasta el extremo que se me ofreció un puesto en su mesa y durante los días que estuve en Albero Alto, era considerado como de la familia.

XIII Brigada Internacional
Varios días estuvimos acantonados en el referido pueblo, hasta que el día 20 de diciembre recibimos la orden de salir para el frente de combate, tenia que ir a relevar a la 13 brigada internacional, la cual se encontraba cubriendo el frente de Tardienta a Almudévar.

En varios camiones, fuimos traslados, por la noche a Tardienta, pero nos apeamos en Torralba de Aragón, allí, con toda clase de precauciones nos trasladamos a pie hasta Tardienta. Durante el trayecto fuimos divisados por el puesto de observación enemigo, y las baterías de grueso calibre dispararon varias veces sobre el grueso de la fuerza pero afortunadamente no tuvimos que lamentar ninguna baja.

Almudévar, Fotos: C. García.
Enorme impresión me causó a mi la línea de combate, a simple vista apréciame que el enemigo me estaba acechando por todas partes y que esperaba el momento oportuno de encontrarme distraído para clavar su mortífera bala en mi cabeza. Mi desconfianza era enorme y muy a pesar  mío tenía que fingir un valor que estaba muy lejos de mi, para de esta forma no desmoralizara con mi actitud a mis soldados. Pero francamente declaro que tenía miedo. Por un momento llegué a pensar que la vida era muy corta, que la guerra no la vería terminada.


Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 7 de abril de 1940

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