Gràcies a la familia Forcadell Gaona de Morelia (Michoacán-Mèxic): Núria, Pilar i Inés.
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dissabte, 23 d’abril del 2011

En la línea de fuego, Tardienta II

La mayoría de puertas, ventanas, sillas, mesas y mil utensilios más, que quedaron abandonados por las casas, [ver entrada "Tardienta I"] se encontraban todos en las trincheras, pues había puestos de mando, como por ejemplo el de mi compañía, que disponía de todas las comodidades propias de una casa particular, pues inclusive la radio funcionaba admirablemente puesto que en todo el sector que ocupaba nuestro batallón había luz eléctrica ya que en Tardienta todavía funcionaba un gran acumulador.
Tardienta any 1936

El gran acueducto que hay en las afueras de la población servia de refugio contra las naves aéreas, ya que tenía una profundidad de 3 metros y una armadura de 80 cm. de cemento. Motivo por lo cual en varias ocasiones evitó muchas bajas.

Hogar del soldado. Font: SBHAC
La vida en este frente fue, bastante tranquila, pues el enemigo muy pocas veces daba señales de vida, lo que aprovechamos nosotros para montar con todo lujo de detalles un magnífico hogar del soldado, donde teníamos una biblioteca de más de 300 volúmenes, el miliciano de la cultura enseñaba con gran perfección a los analfabetos, en ratos de descanso los soldados podían jugar a una serie de juegos amenos y morales, y cada día por los oficiales del batallón se daba clases de teórica militar, en fin la guerra era para nosotros una cosa tan pasajera que por un momento llegamos a dudar de si nos encontrábamos en el frente o bien disfrutando de unas vacaciones al campo.

Todo trascurría tranquilo, cuando el día 3 de enerode 1938, se dió una consigna cifrada en la que el servicio de información militar, indicaba que contingentes de tropas enemigas estaban concentrándose en Almudévar pueblo enemigo frente a nuestras posiciones. Indicaba al mismo tiempo que serian atacadas nuestras posiciones en la madrugada del día 4 y por consiguiente en esta noche la guardia fuera doble y que las patrullas de reconocimiento se hicieran con arma automática, y que cualquier movimiento del enemigo fuera contestado con energía, no abandonando las posiciones bajo ningún pretexto y que valía más morir ante el enemigo que no fusilado por un consejo de guerra. La orden era tajante, había que cumplirla a todo trance, de lo contrario tampoco había salvación posible.

Noche de gran intranquilidad fue aquella en que la vida y la muerte estaban tan cerca una de la otra, momentos antes en la memoria de uno habían cruzado miles de recuerdos, y a partir de ésta orden solo se preocupaba uno de defenderse lo mejor posible para evitar la muerte.

Moros de la guerra civil
Fotos de la tropa mora: font

Nada de nuevo parecía ocurrir, cuando de pronto, la artillería tanto propia como enemiga empezó a descargar centenares de bombas. Los soldados republicanos como tenían la consigna de disparar cuando nuestra artillería lo hiciera, como movidos por un resorte dispararon todos a una vez, parecía aquellos como el diluvio universal, pues las granadas y las balas llovían como por encanto, las sombras de la noche no permitían ver el campo enemigo y solamente a tontas y a locas seguíamos disparando. En el campo contrario, la balacea adquiría la misma proporción, solamente que allí los gritos eran más alarmantes que las propias balas, pues efectivamente, la noticia que el servicio de información había dado resultaba cierta, el enemigo estaba atacando desesperadamente. Pero ellos no contaban que su ataque había sido descubierto y la represión había sido de fatales consecuencias para ellos, pues cuando ya desistieron de atacar en vista de la tenaz resistencia y cuando a la mañana siguiente nosotros todavía seguíamos detrás de la trinchera, con lo fusiles preparados, un espectáculo horroroso se nos presento a nuestros ojos. En frente de nuestras posiciones varias docenas de cadáveres aparecieron muertos, algunos de ellos mortalmente heridos, seguían quejándose desesperadamente y nuestra vista pudo ver por primera vez al moro feroz, al salvaje africano que completamente engañado había sido traído a España para que con su sangre ayudara a ganar una guerra que el pueblo estaba haciendo fracasar a toda costa. Varios de estos moros nos pedían a nosotros que los sacáramos de allí, que se estaban muriendo, lo mismos soldados españoles enemigos que engañados y obligados también a ir a la lucha habían caído mortalmente heridos defendiendo una causa que era completamente ajena a su voluntad. En vista de la gravedad de estos soldados pedimos una tregua para poderos sacar de allí, pero cual no seria nuestra sorpresa, cuando al salir la primera camilla de socorro, ésta era tiroteada por las fuerzas enemigas, y uno de de los camilleros que cumpliendo con su sagrada misión de salvar a un enemigo herido acudía en su ayuda, caía mortalmente herido por una bala traidora que quería a toda costa dejar morir a los que hasta poco
La Vanguardia 4/1/1938
habían defendido su misma causa. La palabra traidores y asesinos salía constantemente de la boca de aquellos pobres infelices que tendidos ante nuestras trincheras no podían recibir ninguna ayuda. Cuando apenas la noche había entrado, saltamos encima de nuestros parapetos y acudimos en ayuda de los pobres soldados herido que habían quedado, pero desgraciadamente habíamos llegado tarde, solamente 6 pudieron ser sacados con vida, mas de 120 sufrieron una muerte horrenda, desastrosa, cruel, sus maldiciones tarde o temprano llegarán a estos seres desalmados que dejaron sus cuerpos completamente abandonados al destino.

Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 23 de abril de 1940


divendres, 8 d’abril del 2011

Traslado a Albero Alto (Huesca) 23/11/1937

Varios días duró en nuestros cerebros el recuerdo de ese día tenebroso, pero poco a poco se fue disipando y pensando siempre en que peligros de mayor trascendencia nos esperaban, nos fuimos preparando para que cuando llegara el momento nos agarrara con menos intensidad de nerviosismo.

Tardienta any 1936
Una orden dada por el mando de la brigada, ordenaba que inmediatamente se formara todo el batallón y en marcha ordinaria nos trasladáramos al pueblo de Albero Alto, sitio donde quedaríamos acantonados para salir inmediatamente para el frente. El día 23 de noviembre, llegábamos al citado pueblo con gran curiosidad de la gente, pues a pesar de la proximidad del frente nunca había habido allí tanta fuerza acantonada.

La ciudad de Huesca, queda a 6 Km. de nuestra vista y perfectamente se oía el repique de las campanas y inclusive con mis prismáticos de campaña se veía a la gente andar por la ciudad. Ésta presentaba un aspecto pobre, mísero, la artillería y la aviación había dejado en sus calles la huella de la destrucción. Una ciudad que en otros tiempos había sido el orgullo y la admiración de la toda provincia, aparecía a mi vista como un cuerpo de una larga y cruel enfermedad que deja sus lacras de muerte, señalados para toda una vida.

Ermita de Santa Quiteria
Sus campos tan fértiles, que en años atrás habían sido las reservas de los enormes trigales aragoneses, aparecían como simples campos donde las plagas hacen mella en ellos. Ni un palmo de terreno en una extensión de más de 10 km. era cultivado. La guerra había acabado con la producción, los hombres que cultivaban aquellas tierras habían tenido que acudir al llamamiento de su gobierno, tarde o temprano España tenia que sufrir las consecuencias de ésta inactividad.

Agustí Centelles: Huyendo del bombardeo, Tardienta, año 1937
Los mismo se encontraban las familias que componían, toda esta comarca los enormes contingentes de tropas que por ella habían pasado, ante la escasez de muchas veces de comestible, tenían que recurrir a la hospitalidad de la gente y muchas veces, y por cualquier causa ésta era negada recurrían a la violencia, aunque luego sufrieran las consecuencias de un duro castigo por parte de sus superiores. De aquí precisamente que al llegar nosotros, la miseria se había apoderado de aquellas gentes y la mayoría de las veces teníamos que ser nosotros los que teníamos que ayudarles.

El puesto de mando de mi compañía fue instalado en la casa de la familia Díaz, una honrada y noble casa de tiempos remotos habían sido el amparo y la ayuda de la gente modesta y laboriosa. Con ciertos reparos fuimos aceptados allí por creer que nuestra presencia fuere motivo de disgusto para ellos, pero dándome cuenta de la gente con quien tenia que tratar, les hablé personalmente, haciéndoles ver la misión que nosotros teníamos y que de ninguna manera nuestra presencia fuere motivo de disgusto para ellos.

Serian las cuatro de la mañana del día 25 de noviembre de 1937 cuando una voz de mujer me despertó del sueño que me tenia postrado y levantándome con rapidez vi la silueta de la hija mayor del patrón donde habíamos sido alojados. Pregunté que le pasaba y con voz trémula me indico que su madre había sufrido un ataque cardíaco y que fuera en ayuda suya inmediatamente. Personando a la habitación dónde la enferma, y viendo la gravedad de la misma. Me trasladé con urgencia a buscar al Dr. Puigdueta, médico de mi batallón y hombre de ciencia.

Batalla de Monte Pelado: El 28 d'agost de 1936 al Monte Pelado, al front d'Aragó, entre Osca i Almudévar (Aragó, Espanya)
Brigades internacionals
Cuando el doctor se personó en casa de la enferma. Ésta se hallaba en estado agónico, pero llegó a tiempo y pudo aplicarle varias inyecciones de alcanfor y evitó un desenlace fatal. En toda la noche no se separó un momento el doctor de la cabecera de la enferma, todos los cuidados fueron para aquella pobre señora que parecía que en un momento iba a entregar su alma a Dios. La noche la pasó algo mejorada y a la mañana siguiente con el coche del comisario me trasladé al puesto central sanitario, para recoger unas inyecciones recetadas por el médico. La familia no sabia como agradecerme lo poco que a mi parecer había hecho yo por aquella buena señora, pero al cabo, para mi era un deber, puesto que se trataba de un semejante mío sea blanco sea negro, pero semejante al fin.< >A partir de este día, la confianza entró en aquella santa casa y todo lo que en un principio parecía recelo, se volvió en amistad, hasta el extremo que se me ofreció un puesto en su mesa y durante los días que estuve en Albero Alto, era considerado como de la familia.

XIII Brigada Internacional
Varios días estuvimos acantonados en el referido pueblo, hasta que el día 20 de diciembre recibimos la orden de salir para el frente de combate, tenia que ir a relevar a la 13 brigada internacional, la cual se encontraba cubriendo el frente de Tardienta a Almudévar.

En varios camiones, fuimos traslados, por la noche a Tardienta, pero nos apeamos en Torralba de Aragón, allí, con toda clase de precauciones nos trasladamos a pie hasta Tardienta. Durante el trayecto fuimos divisados por el puesto de observación enemigo, y las baterías de grueso calibre dispararon varias veces sobre el grueso de la fuerza pero afortunadamente no tuvimos que lamentar ninguna baja.

Almudévar, Fotos: C. García.
Enorme impresión me causó a mi la línea de combate, a simple vista apréciame que el enemigo me estaba acechando por todas partes y que esperaba el momento oportuno de encontrarme distraído para clavar su mortífera bala en mi cabeza. Mi desconfianza era enorme y muy a pesar  mío tenía que fingir un valor que estaba muy lejos de mi, para de esta forma no desmoralizara con mi actitud a mis soldados. Pero francamente declaro que tenía miedo. Por un momento llegué a pensar que la vida era muy corta, que la guerra no la vería terminada.


Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 7 de abril de 1940