Gràcies a la familia Forcadell Gaona de Morelia (Michoacán-Mèxic): Núria, Pilar i Inés.
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dilluns, 25 d’abril del 2011

En la línea de fuego, Tardienta V, Torralba de Aragón y ofensiva rebelde 15/03/38

El día 15 de marzo de 1938, y después de venir anunciándolo los soldados nacionalistas desde sus trincheras, el ejercito rebelde inició una ofensiva a fondo por todo el sector del Ejército del Este.

Milicians republicans de la XII brigada durant la batalla de Guadalajara

Centenares de aviones, docenas de tanques, montones de cañones y divisiones motorizadas extranjeras, tomaban parte en esta ofensiva, el dictador italiano, quería a toda costa vengarse de la tremenda derrota que en los campos de batalla de Guadalajara, le inflingiera en días pasados el ejército de la República, haciendo correr en forma vergonzosa
Tosos, Zaragoza

sus bien equipadas brigadas de choque que con todo lujo de detalles habían sido traídas a España para conquistar, como en años anteriores lo hicieran sus antepasados, y ante tal cosa no había escatimado esfuerzos de ninguna clase. La ofensiva se inició por el frente de Zaragoza y pronto fue rota la línea, a pesar de la tenaz resistencia que opusiera el ejército republicano, las tropas nacionalistas iban ganando terreno con la pérdida de millares y millares de hombres, pues la resistencia que encontraba era enorme.

Considerando el enemigo que el Gobierno Republicano, había concentrado todos sus efectivos de primer orden en el frente de Zaragoza, para contener la ofensiva enemiga, paralizó unos días esta ofensiva y trasladó sus brigadas motorizadas al frente de Huesca, donde el día 22 de marzo de 1938, y siendo las 6 de la mañana fuimos sorprendidos por un enorme bombardeo de aviación, seguido de una preparación artillera en la que tomaba parte como unas 10 baterías aproximadamente, no dudando ni un momento que dentro de poco el ataque de la infantería caería sobre nuestras líneas, y así ocurrió. A las 11 de la mañana vimos aparecer sobre nuestras líneas, centenares de soldados que protegidos por el
Trincheras de la Guerra Civil, una casamata de cemento, cultivos cerealistas, cerros de yesos y alguna repoblación de pinar. Extremo Noreste del término municipal de Zaragoza, cerca de Villamayor

fuego de la artillería, y resguardados por enormes tanques de iban aproximando a nuestras líneas, pero ya nuestras máquinas estaban listas para contener el ataque en cualquier momento y no tardaron en caernos encima, pero las máquinas automáticas empezaron a funcionar y el ataque fue rechazado con perdidas de vidas por parte del enemigo. La orden era tajante el enemigo tenia que romper la línea costara lo que costara y nosotros teníamos que mantenerla costara lo que costara. Pero el enemigo tenía hombres de refresco nosotros no contábamos con nada, el ataque nos había sorprendido y apenas teníamos víveres, la lucha volvió a empezar de nuevo, y por segunda vez las tropas enemigas tuvieron que volver a sus posiciones, pero esta vez habían llegado cerca de las líneas nuestras y habían conseguido hacer bajas.

Nuestras ambulancias empezaron a funcionar y los heridos eran sacados de las trincheras, motivando con esto el que cada herido ocupara dos soldados buenos para trasladarlo, lo cual representaba en efectivo que habíamos tenido tres bajas. Si el enemigo intentara otra vez el ataque quien sabe si podríamos detenerlo. El mando del batallón informó a la Brigada lo que pasaba y ante el temor de perder la posición y quedar docenas de hombres prisioneros, se dio la orden de replegáramos a las posiciones de reserva, situadas a 6 km de la línea de combate. Así lo hicimos y quedamos emplazados en unas posiciones cercanas al pueblo de Torralba de Aragón, donde allí nos emplazamos de nuevo, esperando el ataque, pero el enemigo sabiendo que por el sector que acopábamos nosotros era completamente romper el cerco, se decidió atacar por el sector que ocupaba la 141ª brigada mixta, sin saber que ya nosotros habíamos abandonado las antiguas posiciones. A las 6 de la tarde empezó el ataque por este nuevo sector, y por fin encontró el punto flaco y se fue afianzando por allí cargando todos sus efectivos de combate por este lado. Su esfuerzo había resultado y nuestro desastres era inevitable.

A las ocho de la noche, recibimos una orden urgente, que el enemigo había roto las líneas y que nuestro Batallón se encontraba cercado completamente, pues había agarrado las líneas de flanco y solamente la oscuridad de la noche podía hacer posible el que no cayéramos en manos del enemigo. Con prudencia organicé junto con el capitán [capitán de Milicias Hernández Oñate], la evacuación de aquellas posiciones, pero el terreno que teníamos que recorrer para juntarnos de nuevo con la brigada era completamente desconocido para nosotros y ante la urgencia del caso decidimos salir guiándonos por la estrella polar, ya que nosotros conocíamos la posición del enemigo y nos seria fácil evitar un encuentro con él. En marcha de combate salimos de las posiciones y pasamos tres o cuatro horas andando cuando la patrulla de exploración de mi compañía, que era la que habría la marcha, se encontró con una patrulla de soldados y montando con rapidez los fúsiles, se les dió el alto ¡quien vive¡ contestando ¡la República!, nos informaron que habiendo sabido que el enemigo había atacado muestras posiciones y las había roto, el jefe de su brigada que era la 137ª, había ordenado montar un servicio de exploración para cualquier contingencia que pudiere ocurrir, y efectivamente, nos trasladaron a donde se encontraba el jefe de la brigada [Comandante Brinquis]y nuestra compañía quedó agregada al segundo batallón de esta unidad hasta que nuevamente tomáramos contacto con la nuestra.

Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 26 de abril de 1940

divendres, 8 d’abril del 2011

Traslado a Albero Alto (Huesca) 23/11/1937

Varios días duró en nuestros cerebros el recuerdo de ese día tenebroso, pero poco a poco se fue disipando y pensando siempre en que peligros de mayor trascendencia nos esperaban, nos fuimos preparando para que cuando llegara el momento nos agarrara con menos intensidad de nerviosismo.

Tardienta any 1936
Una orden dada por el mando de la brigada, ordenaba que inmediatamente se formara todo el batallón y en marcha ordinaria nos trasladáramos al pueblo de Albero Alto, sitio donde quedaríamos acantonados para salir inmediatamente para el frente. El día 23 de noviembre, llegábamos al citado pueblo con gran curiosidad de la gente, pues a pesar de la proximidad del frente nunca había habido allí tanta fuerza acantonada.

La ciudad de Huesca, queda a 6 Km. de nuestra vista y perfectamente se oía el repique de las campanas y inclusive con mis prismáticos de campaña se veía a la gente andar por la ciudad. Ésta presentaba un aspecto pobre, mísero, la artillería y la aviación había dejado en sus calles la huella de la destrucción. Una ciudad que en otros tiempos había sido el orgullo y la admiración de la toda provincia, aparecía a mi vista como un cuerpo de una larga y cruel enfermedad que deja sus lacras de muerte, señalados para toda una vida.

Ermita de Santa Quiteria
Sus campos tan fértiles, que en años atrás habían sido las reservas de los enormes trigales aragoneses, aparecían como simples campos donde las plagas hacen mella en ellos. Ni un palmo de terreno en una extensión de más de 10 km. era cultivado. La guerra había acabado con la producción, los hombres que cultivaban aquellas tierras habían tenido que acudir al llamamiento de su gobierno, tarde o temprano España tenia que sufrir las consecuencias de ésta inactividad.

Agustí Centelles: Huyendo del bombardeo, Tardienta, año 1937
Los mismo se encontraban las familias que componían, toda esta comarca los enormes contingentes de tropas que por ella habían pasado, ante la escasez de muchas veces de comestible, tenían que recurrir a la hospitalidad de la gente y muchas veces, y por cualquier causa ésta era negada recurrían a la violencia, aunque luego sufrieran las consecuencias de un duro castigo por parte de sus superiores. De aquí precisamente que al llegar nosotros, la miseria se había apoderado de aquellas gentes y la mayoría de las veces teníamos que ser nosotros los que teníamos que ayudarles.

El puesto de mando de mi compañía fue instalado en la casa de la familia Díaz, una honrada y noble casa de tiempos remotos habían sido el amparo y la ayuda de la gente modesta y laboriosa. Con ciertos reparos fuimos aceptados allí por creer que nuestra presencia fuere motivo de disgusto para ellos, pero dándome cuenta de la gente con quien tenia que tratar, les hablé personalmente, haciéndoles ver la misión que nosotros teníamos y que de ninguna manera nuestra presencia fuere motivo de disgusto para ellos.

Serian las cuatro de la mañana del día 25 de noviembre de 1937 cuando una voz de mujer me despertó del sueño que me tenia postrado y levantándome con rapidez vi la silueta de la hija mayor del patrón donde habíamos sido alojados. Pregunté que le pasaba y con voz trémula me indico que su madre había sufrido un ataque cardíaco y que fuera en ayuda suya inmediatamente. Personando a la habitación dónde la enferma, y viendo la gravedad de la misma. Me trasladé con urgencia a buscar al Dr. Puigdueta, médico de mi batallón y hombre de ciencia.

Batalla de Monte Pelado: El 28 d'agost de 1936 al Monte Pelado, al front d'Aragó, entre Osca i Almudévar (Aragó, Espanya)
Brigades internacionals
Cuando el doctor se personó en casa de la enferma. Ésta se hallaba en estado agónico, pero llegó a tiempo y pudo aplicarle varias inyecciones de alcanfor y evitó un desenlace fatal. En toda la noche no se separó un momento el doctor de la cabecera de la enferma, todos los cuidados fueron para aquella pobre señora que parecía que en un momento iba a entregar su alma a Dios. La noche la pasó algo mejorada y a la mañana siguiente con el coche del comisario me trasladé al puesto central sanitario, para recoger unas inyecciones recetadas por el médico. La familia no sabia como agradecerme lo poco que a mi parecer había hecho yo por aquella buena señora, pero al cabo, para mi era un deber, puesto que se trataba de un semejante mío sea blanco sea negro, pero semejante al fin.< >A partir de este día, la confianza entró en aquella santa casa y todo lo que en un principio parecía recelo, se volvió en amistad, hasta el extremo que se me ofreció un puesto en su mesa y durante los días que estuve en Albero Alto, era considerado como de la familia.

XIII Brigada Internacional
Varios días estuvimos acantonados en el referido pueblo, hasta que el día 20 de diciembre recibimos la orden de salir para el frente de combate, tenia que ir a relevar a la 13 brigada internacional, la cual se encontraba cubriendo el frente de Tardienta a Almudévar.

En varios camiones, fuimos traslados, por la noche a Tardienta, pero nos apeamos en Torralba de Aragón, allí, con toda clase de precauciones nos trasladamos a pie hasta Tardienta. Durante el trayecto fuimos divisados por el puesto de observación enemigo, y las baterías de grueso calibre dispararon varias veces sobre el grueso de la fuerza pero afortunadamente no tuvimos que lamentar ninguna baja.

Almudévar, Fotos: C. García.
Enorme impresión me causó a mi la línea de combate, a simple vista apréciame que el enemigo me estaba acechando por todas partes y que esperaba el momento oportuno de encontrarme distraído para clavar su mortífera bala en mi cabeza. Mi desconfianza era enorme y muy a pesar  mío tenía que fingir un valor que estaba muy lejos de mi, para de esta forma no desmoralizara con mi actitud a mis soldados. Pero francamente declaro que tenía miedo. Por un momento llegué a pensar que la vida era muy corta, que la guerra no la vería terminada.


Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 7 de abril de 1940

diumenge, 3 d’abril del 2011

Hacia el frente de Huesca 25-27/09/37

Trinchera en Lanaja, foto: Jose Francisco Navarro Belsue.
Una larga caravana formaba el convoy que nos conducía hacia el frente de batalla. Artillería, cocinas de campaña, carros ligeros de combate, en fin todo lo que necesita una verdadera brigada motorizada, llevábamos nosotros la intendencia en cada sitio marcado por el mando que nos aprovisionaba de víveres en conserva, puesto que era materialmente imposible hacerlo en caliente.

Con 6 horas de retraso sobre el horario marcado llegamos a Alcubierre, población cerca de la línea de fuego, y lugar de concentración de todas las fuerzas del Ejército del Este XI Cuerpo del Ejército, desde allí nos trasladamos con las fuerzas de mi batallón, a la población de Huerto, punto donde teníamos que acantonarnos para empezar la instrucción de los soldados.

Ataque republicano en el frente de Aragón. Foto: SERVICIO ESPECIAL
Una vez instalados y buscados lo diferentes lugares de acomodo para los soldados, se recibió una orden, en el sentido de que nuestro batallón tenía que acantonarse en las inmediaciones del pueblo de Alcubierre, y que saliéramos para el punto indicado tan pronto como la orden llegara a la comandancia militar. Antes de una hora, todo el batallón estaba formado y salíamos hacía el sitio marcado.

Llegados al punto indicado, acampamos y se organizó de forma rápida el bagaje de cocina, no había transcurrido dos horas de nuestra llegada a Alcubierre, cuando una contraorden ordenaba que volviéramos a nuestro punto de salida pues la proximidad del frente de batalla obligaba a tomar estas medidas puesto que de lo contrario no sería posible el efectuar la instrucción con normalidad. Pero el motivo a mi parecer no era éste, pues averiguadas las causas se dedujo que se trataba de ejercitar a la fuerza, a marchas pesadas, para mantener a los soldados en condiciones de lucha.

Frente de Alcubierre durante la Guerra Civil Española.
Ya instalados definitivamente la población de Huerto, seguíamos allí por espacio de un mes hasta que el día 10 de octubre, ante la escasez de tabaco, jabón, alpargatas y demás utensilios de bastante necesidad para la gente se me comisionaba a mi, junto con el sargento Ibars y el soldado Ferré, para que me trasladara a Tortosa y Tarragona a fin de conseguir todo lo indicado. Las amistades tanto comerciales como particulares que yo contaba me ayudaron muchísimo para conseguir estos artículos. El viaje lo realicé con el coche del comisario de mi batallón, lo que me facilitó mucho mas el poderlo realizar con mayor rapidez. Así también, me dió motivo a poder visitar a mis familiares pues sabiendo que Ulldecona queda cerca de Tortosa se comprenderá que antes de empezar mis gestiones me trasladara primeramente a mi pueblo para estrechar a mi famita en un cariñoso abrazo.

Ocho días me bastaron para conseguir todo lo necesario y pasado este tiempo regresé de nuevo para el frente. La separación de mis familiares fue mas emocionante que otras veces, parecía que sabía yo que no me volvería a ver mas con ellos y de esta forma me separe con la esperanza de verlos pronto pero no pasaba de ser esperanza, pues mi destino estaba marcado.

La alegría en mi batallón fue grande, cuando los soldados se enteraron que el cometido había sido cumplido con creces: tabaco, jabón, alpargatas, camisas, pantalones en fin objetos de sumo interés para el soldado fueron llevados hasta ellos con su natural alegría.

Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 2 de abril de 1940