Gràcies a la familia Forcadell Gaona de Morelia (Michoacán-Mèxic): Núria, Pilar i Inés.
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diumenge, 24 d’abril del 2011

En la línea de fuego, Tardienta III 10/01/38

Los días transcurrían y ninguna novedad se iba registrando, cuando el día 10 de enero de1938, mi compañía, recibía la orden de efectuar un traslado de frente. Las posiciones que ocupábamos tenían que ser ocupadas por otra unidad, pero antes ocurrió un caso más curioso. Mi brigada, que solamente contaba con tres batallones y le faltaba uno para estar completa. Recibió una orden en el sentido de que el 1º, 2º y 3 batallón pasarían a depender de la 142 brigada mixta, la cual contaba solamente con un batallón completo.  Quedaría con todas sus fuerzas equiparadas, y que solamente los jefes y comisarios de batallón, podrían trasladarse con su antigua brigada, mientras que todos los jefes, oficiales y comisarios de compañía, quedarían a las ordenes de sus nuevo jefes pertenecientes a la 142 brigada mixta. El día 11 de enero, la 140 brigada mixta, con sus jefes y auxiliares, salían en dirección a Lécera (Zaragoza), mientras que nosotros quedábamos en la misma posición, pero como antes dije a disposición de nueva unidad y nuevos jefes. El comisario de la brigada se llamaba Malaquías Gil Arangueti, el jefe era el capitán Yust. Y el comisario y jefe de mi batallón era el comisario Pablo Marcos y Teniente Francisco Valero respectivamente.

El día 13 del corriente mes, se efectuaba el relevo de mi unidad y a las tres de la madrugada, sin que el enemigo se diera cuenta, quedábamos instalados en nuestras posiciones marcadas por el mando.

Cuando por la mañana salí a recorrer las nuevas posiciones, fue mi motivo de desaliento, pues mientras en las anteriores disfrutábamos de todas las comodidades, en ésta llegaba inclusive a faltar el agua. Una gran balsa era la única fuente manantial en donde podíamos apropiarnos de tan preciado líquido, expuestos continuamente a que una infección en sus aguas produjera mortales consecuencias en nuestros cuerpos.



frente de la ermita de Santa Quiteria
Se encontraban estas posiciones, situadas al norte de la población de Tardienta, a cuatro millas de la localidad y estaba en frente de la ermita de Santa Quiteria, lugar donde en otros tiempos se habían desarrollado enormes combates para la conquista de ésta posición si que nunca el éxito hubiere acompañado a las tropas republicanas. Se encontraban completamente desabandonadas o requeridas que con urgencia se procediera a efectuar enormes construcciones subterráneas para protegerse uno de las bombas de aviación, y al mismo tiempo para que el enemigo no hiciera blanco en nuestros cuerpos donde en la mayoría de lugares, el paso era obligado y queda todo el cuerpo a merced de las balas enemigas. Desde luego, la posición no era peligrosa pues tendiendo en cuenta lo accidentado del terreno, se comprenderá que solamente se podía actuar allí, por medio de patrullas, ya que actuando en masa los tanques no podían desarrollar sus actividades, la artillería resultaba nula por los innumerables puntos muertos que presentaba el terreno y un ataque aéreo solamente hubiera producido un efecto desmoralizador pero no efectivo. El puesto de mando de la compañía estaba emplazado a 30 m. a la retaguardia de la primera posición desde donde se dominaba completamente todo el campo enemigo. El poco peligro que representaba la posición había motivado que estuviera tan abandonada.

Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 25 de abril de 1940

dijous, 24 de març del 2011

Frente de Aragón

Momentos de verdadera emoción son aquellos en que inconciente uno, de los peligros de vas a correr, está contento y se anima, y disfruta de una verdadera alegría, porque sabe que va en busca de aventuras y sufrimientos los cuales solamente los ha vívido sentado en una butaca y a la luz de brillante lumbre hogareña.

Milicianos partiendo hacia el frente de Aragón

Si la mayoría de los participantes en la guerra civil española hubieran sabido de antemano lo criminal y horrendo que ésta fue, estoy mas de convencido que miles de ellos primero se hubieran suicidado que no afrontar las mil vicisitudes que tiene que afrontar uno en cualquier guerra armada, pero el desconocer toda esta serie de cosas le obligan a uno a sentirse un héroe, cuando en realidad no es más que un pobre juguete de unos políticos sin escrúpulos.

Eran las 10 de la noche, cuando en un tren militar salía hacia el frente de Aragón toda mi brigada. Los momentos no podían ser de más animación pues por todas las estaciones del trayecto miles de personas salían a aclamarnos, familias que despedían a sus hijos, mujeres que lloraban la separación del marido, hermanas que despedían al hermano en un abrazo fraterna, quizás el último de la vida.

El tren se  iba deslizando paulatinamente llevando encima miles de vidas jóvenes que tarde o temprano la muerte acabaría con la mitad de ellos en los fatídicos campos de batalla. Poco sabíamos nosotros el peligro que corríamos, pero la Patria, nuestro Gobierno, nos necesitaba y todo sacrificio era poco para salvarla. Llegamos el día 20 de julio a la población de Caspe, una de las poblaciones de la provincia de Zaragoza donde había sido teatro de sangrientas luchas. El convoy quedó allí parado por espacio de tres horas, hasta que una vez la máquina se aprovisionó de combustible, y seguimos nuevamente nuestra ruta marcada por el mando militar.

A las 10 de la noche del día siguiente de nuestra salida, llegamos a la Azaila, punto de destino, sitio donde los diferentes batallones de la Brigada se irían distribuyendo a los diferentes lugares marcados de antemano por el mando. El batallón mío se le asignó el pueblo de Sástago y allí estuvimos acantonados por espacio de dos días hasta que una orden superior ordenaba que todos los mandos tanto políticos como militares, hicieran entrega de sus tropas pertenecientes a la 140 Brigada Mixta y que se hicieran cargo de ellas los mandos de la 137 Brigada acantonada también en el mismo lugar, ordenando al mismo tiempo que todos los mandos de la 140 Brigada salieran inmediatamente para tarragona donde tendrían que organizar de nuevo otra vez la brigada con nuevo elementos llamados a filas por el Gobierno.

El día 27 de agosto  salíamos de Sástago en dirección a Tarragona llegando a ésta capital el dia 28 a las 3 de la tarde, a mi Batallón se le asignó para organizarse el pueblo de Montblanc de la provincia de Tarragona y allí quedamos acantonados esperando la incorporación de los nuevos reclutas.

En Barcelona funcionaba la Escuela Superior de Comisarios de Guerra instalada en Sarriá, dicha escuela era para capacitar en arte militar a todos los comisarios nombrados por el Gobierno, donde se les enseñaba táctica militar, topografía, y varias cosas más.

No habiendo o todavía, pasado por ella, llegando a Montblanc, se me ordenó por el Comisario de mi Brigada, que me trasladara a Tarragona donde allí me extenderían el pasaporte para que me trasladara a la Escuela de Comisarios y de esta forma el día 1 de septiembre de 1937 llegaba a la capital catalana, donde tenia tiempo de poder estar con mis familiares hasta el día 2 que era cuando definitivamente entraba en la escuela.

Ocho días duraron los cursos los cuales fueron bastante provechosos para mi puesto que  desconocía por completo el arte de la guerra, más a pesar del  poco tiempo que en ella estuve, aproveché lo bastante para saber como tenía que portarme en combate y la manera de saber defender las tropas que se me habían asignado así como también la manera de defender una posición.

Regresé a Tarragona, donde allí se me asignaron dos días de permiso los cuales los pasé en compañía de mi familia, los cuales ya me creían en el frente de batalla, motivo por lo cual la alegría de mis familiares fue inmensa cuando me vieron junto a ellos. Pasados estos dos días regresé de nuevo a Montblanc, donde seguía allí mi batallón dispuesto ya marchar de nuevo cuando lo ordenara el mando pues ya todos sus cuadros habían sido organizados todos.

No tardó en llegar la orden esperada y el día 25 de septiembre salíamos de Monblanc en dirección a Tarragona, donde allí nos esperaban los demás batallones de la Brigada para marchar juntos hacía el frente de combate. Esta vez tenia que ser definitivamente.


Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 23 de marzo de 1940

divendres, 18 de març del 2011

Cargo de Comisario de Guerra de Compañia

Mi nombramiento, representaba el ser traslado de unidad, y el mismo día de mi nombramiento salía en dirección a la capital de Tarragona donde se encontraba acantonada la unidad donde había sido designado. Era ésta unidad la 140 brigada mixta, perteneciente también a la 32 división, y cuyo jefe era el Teniente Coronel Humberto Gil Cabrera. Por el nombramiento que había recibido, tuve que presentarme al Comisario de mi Brigada que era Luís Deltell Vernal y cumplido éste requisito fui destinado a la 3ª Compañía del 2º Batallón de la misma brigada. Quizás fuera necesario explicar detalladamente cual era la misión del Comisario de Guerra en la lucha, pero para no ser pesado en mi informe me limitaré a explicar en grandes rasgos la misión principal que tenía asignado.


Había cuatro categorías de Comisarios de Guerra, distribuido de la siguiente manera: Comisario de Compañía, Comisario de Batallón, Comisario de Brigada y Comisario de División. El Comisario de Compañía estaba asimilado a Capitán, el de Batallón a Comandante, el de Brigada a Teniente Coronel y el de División a Coronel. Sus órdenes eran cumplidas y ejecutadas por los soldados y oficiales inferiores de la misma manera que si fueran dadas por sus jefes superiores, tenían los mismos atributos y honores militares que aquellos a cuya categoría estaban asimilados y en caso de cometer faltas militares estaban sujetos al Código Militar, con todas sus consecuencias. La labor del comisario de Guerra tenía muchas más aplicaciones que la de los jefes militares, puesto que éstos solo se limitaba a lo estrictamente militar mientras que los comisarios no solo podían hacerse cargo de la fuerza en caso de morir en combate su asimilado militar sino que tenía la obligación de conocer en todo momento el estado moral y material de la fuerza, llevar una completa administración de la misma, leer y hacer cumplir sin reservas de ninguna clase las órdenes dictadas por lo superiores inmediatos, procurar que el soldado en todo momento tuviera todo lo necesario para que vida en trinchera fura lo menos pesada posible, organizar Hogares del Soldado, donde estuvieran incluidos en él bibliotecas, juegos de damas, dominós, parchises y varios juegos más de tino moral, organizar en ellos conferencias culturares y científicas, así como también obligar a los oficiales de sus respectivas unidades a dar conferencias de tipo militar para que el soldado en todo momento supera lo que tenía que hacer y la manera de poder entrar con garantías de éxito al combate. En fin, era el comisario el alma de ejercito, pero desgraciadamente no todos los comisaros cumplían con su deber, y en varias de las ocasiones el comisario fue motivo de que no se llevaran a la practica operaciones que hubieran sido de gran utilidad para la lucha que estábamos sosteniendo. No sé si mi actuación habrá sido como la de éstos comisarios que señalo, soy yo el menos indicado para hacer mi autocrítica, pero mis dos heridas sufridas en campaña y mi brillante hoja de servicios que conservo en mi poder, y el haber recibido en varias ocasiones felicitaciones que me llenan de orgullo por mi conducta intachable, son documentos suficientes para demostrar que siempre hice honor al cargo que se me otorgó.

Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 15 de marzo de 1940