Gràcies a la familia Forcadell Gaona de Morelia (Michoacán-Mèxic): Núria, Pilar i Inés.

divendres, 8 d’abril del 2011

Traslado a Albero Alto (Huesca) 23/11/1937

Varios días duró en nuestros cerebros el recuerdo de ese día tenebroso, pero poco a poco se fue disipando y pensando siempre en que peligros de mayor trascendencia nos esperaban, nos fuimos preparando para que cuando llegara el momento nos agarrara con menos intensidad de nerviosismo.

Tardienta any 1936
Una orden dada por el mando de la brigada, ordenaba que inmediatamente se formara todo el batallón y en marcha ordinaria nos trasladáramos al pueblo de Albero Alto, sitio donde quedaríamos acantonados para salir inmediatamente para el frente. El día 23 de noviembre, llegábamos al citado pueblo con gran curiosidad de la gente, pues a pesar de la proximidad del frente nunca había habido allí tanta fuerza acantonada.

La ciudad de Huesca, queda a 6 Km. de nuestra vista y perfectamente se oía el repique de las campanas y inclusive con mis prismáticos de campaña se veía a la gente andar por la ciudad. Ésta presentaba un aspecto pobre, mísero, la artillería y la aviación había dejado en sus calles la huella de la destrucción. Una ciudad que en otros tiempos había sido el orgullo y la admiración de la toda provincia, aparecía a mi vista como un cuerpo de una larga y cruel enfermedad que deja sus lacras de muerte, señalados para toda una vida.

Ermita de Santa Quiteria
Sus campos tan fértiles, que en años atrás habían sido las reservas de los enormes trigales aragoneses, aparecían como simples campos donde las plagas hacen mella en ellos. Ni un palmo de terreno en una extensión de más de 10 km. era cultivado. La guerra había acabado con la producción, los hombres que cultivaban aquellas tierras habían tenido que acudir al llamamiento de su gobierno, tarde o temprano España tenia que sufrir las consecuencias de ésta inactividad.

Agustí Centelles: Huyendo del bombardeo, Tardienta, año 1937
Los mismo se encontraban las familias que componían, toda esta comarca los enormes contingentes de tropas que por ella habían pasado, ante la escasez de muchas veces de comestible, tenían que recurrir a la hospitalidad de la gente y muchas veces, y por cualquier causa ésta era negada recurrían a la violencia, aunque luego sufrieran las consecuencias de un duro castigo por parte de sus superiores. De aquí precisamente que al llegar nosotros, la miseria se había apoderado de aquellas gentes y la mayoría de las veces teníamos que ser nosotros los que teníamos que ayudarles.

El puesto de mando de mi compañía fue instalado en la casa de la familia Díaz, una honrada y noble casa de tiempos remotos habían sido el amparo y la ayuda de la gente modesta y laboriosa. Con ciertos reparos fuimos aceptados allí por creer que nuestra presencia fuere motivo de disgusto para ellos, pero dándome cuenta de la gente con quien tenia que tratar, les hablé personalmente, haciéndoles ver la misión que nosotros teníamos y que de ninguna manera nuestra presencia fuere motivo de disgusto para ellos.

Serian las cuatro de la mañana del día 25 de noviembre de 1937 cuando una voz de mujer me despertó del sueño que me tenia postrado y levantándome con rapidez vi la silueta de la hija mayor del patrón donde habíamos sido alojados. Pregunté que le pasaba y con voz trémula me indico que su madre había sufrido un ataque cardíaco y que fuera en ayuda suya inmediatamente. Personando a la habitación dónde la enferma, y viendo la gravedad de la misma. Me trasladé con urgencia a buscar al Dr. Puigdueta, médico de mi batallón y hombre de ciencia.

Batalla de Monte Pelado: El 28 d'agost de 1936 al Monte Pelado, al front d'Aragó, entre Osca i Almudévar (Aragó, Espanya)
Brigades internacionals
Cuando el doctor se personó en casa de la enferma. Ésta se hallaba en estado agónico, pero llegó a tiempo y pudo aplicarle varias inyecciones de alcanfor y evitó un desenlace fatal. En toda la noche no se separó un momento el doctor de la cabecera de la enferma, todos los cuidados fueron para aquella pobre señora que parecía que en un momento iba a entregar su alma a Dios. La noche la pasó algo mejorada y a la mañana siguiente con el coche del comisario me trasladé al puesto central sanitario, para recoger unas inyecciones recetadas por el médico. La familia no sabia como agradecerme lo poco que a mi parecer había hecho yo por aquella buena señora, pero al cabo, para mi era un deber, puesto que se trataba de un semejante mío sea blanco sea negro, pero semejante al fin.< >A partir de este día, la confianza entró en aquella santa casa y todo lo que en un principio parecía recelo, se volvió en amistad, hasta el extremo que se me ofreció un puesto en su mesa y durante los días que estuve en Albero Alto, era considerado como de la familia.

XIII Brigada Internacional
Varios días estuvimos acantonados en el referido pueblo, hasta que el día 20 de diciembre recibimos la orden de salir para el frente de combate, tenia que ir a relevar a la 13 brigada internacional, la cual se encontraba cubriendo el frente de Tardienta a Almudévar.

En varios camiones, fuimos traslados, por la noche a Tardienta, pero nos apeamos en Torralba de Aragón, allí, con toda clase de precauciones nos trasladamos a pie hasta Tardienta. Durante el trayecto fuimos divisados por el puesto de observación enemigo, y las baterías de grueso calibre dispararon varias veces sobre el grueso de la fuerza pero afortunadamente no tuvimos que lamentar ninguna baja.

Almudévar, Fotos: C. García.
Enorme impresión me causó a mi la línea de combate, a simple vista apréciame que el enemigo me estaba acechando por todas partes y que esperaba el momento oportuno de encontrarme distraído para clavar su mortífera bala en mi cabeza. Mi desconfianza era enorme y muy a pesar  mío tenía que fingir un valor que estaba muy lejos de mi, para de esta forma no desmoralizara con mi actitud a mis soldados. Pero francamente declaro que tenía miedo. Por un momento llegué a pensar que la vida era muy corta, que la guerra no la vería terminada.


Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 7 de abril de 1940

dimecres, 6 d’abril del 2011

Bombardeo y fusilamientos en Huerto - Huesca 15/11/37

Prisioneros cuando la toma de Belchite en el frente de Aragón

Los días iban pasando sin que se notara, el más pequeño indicio de que a trece kilómetros teníamos la línea de fuego. Una mañana se presentaron en la población un ómnibus, conduciendo 40 prisioneros de guerra. La orden dada por el jefe de nuestra división era en el sentido de que estos soldados quedaban bajo el amparo del mando militar de nuestro batallón. Todos ellos eran españoles, jóvenes y según se comprobaba en ellos gente de trabajo. Venían en calidad de prisioneros, puesto que con arreglo al consejo de guerra que se les formuló, no se encontró en ellos ninguna complicidad en el movimiento sino que eran soldados movilizados a las armas.

Junker tirant bombes
Próximos a salir para el frente, serian las 3 de la tarde del día 15 de noviembre, cuando tres escuadrillas de trimotores junkers, aparecieron sobre Huerto. Todos los soldados, cumpliendo las ordenes dadas por la oficialidad, tan pronto como vieron aparecer los trimotores se escondieron en los refugios construidos para el efecto, no así la población civil, que al no contar con tanta disciplina se mantuvieron por la calle, quizás sin darle importancia al asunto, tan pronto como estas maquina llegaron a encontrarse a la altura del pueblo un silbido largo y prolongado nos dio a entender que el bombardeo había empezado. Efectivamente, como si cayeran relámpagos, cayeron bombas, en número tal que después de cesar el bombardeo nuestro servicio de información pudo comprobar que habían sido 81 las bombas lanzadas. El resultado fue desastroso. 6 Mujeres  y 5 niños, fueron víctimas del bárbaro bombardero, solamente un soldado fue herido muy leve en el músculo derecho. El jefe de la división se encontraba visitando las demás unidades cerca de la nuestra y poco después del bombardeo llegó a inspeccionar el resultado del mismo. Los trabajos de todos los soldados de  mi batallón fueron enormes para salvar de los escombros a las víctimas del siniestro. Tres horas fueron necesarias para poder salvar a varias docenas de persona y hacer el balance de las víctimas.



Fusilamientos de Badajoz por las tropas golpistas
La Vanguardia del 16/11/1937
Cuando el jefe de la división [capitán Gancedo?), vio por sus propios ojos, aquellas criaturas inocentes, cuya carne desgarrada por la metralla eran el símbolo de la ignominia y la maldad, cuando ante sus ojos aparecieron las carnes mutiladas de aquellas pobres mujeres que la mayoría de ellas habían muerto por salir a la calle para salvar la vida de sus pequeñuelos. Su corazón se llenó de odio que repercutió en perjuicio de otros seres también inocentes, pero que al cabo, para él no eran más que la representación de aquellos que momentos antes habían ordenado a sus aviones que, sin piedad, bombardearan el pueblo de Huerto, causando los destrozos señalados. Su orden fue rápida y tajante; había ordenado que sin formación de causa y bajo su responsabilidad fueran fusilados los prisioneros de guerra que había en poder del mando militar de mi batallón, y la orden se cumplió sin reparos. Aquellos seres que pocos momentos antes tenían la esperanza de que en un día no muy lejano volverían a ver a sus familiares queridos, a sus mujeres, a sus hijos, a sus padres, que en otros tiempos habían sido trabajadores unos, gente de comercio otros, dirigentes de pueblos lo mas, vieron sus vidas segadas por culpa de la maldita guerra, mientras que los maridos de aquellas pobres mujeres, que momentos antes habían sido el orgullo del hogar, que con sus caricias habían educado a sus hijos para un futuro mejor, llegaban a casa con la esperanza de compartir con ellas el pan ganado con el sudor de su frente y la desilusión, la muerte se había apoderado de ellas dejando miseria y rencor en sus almas, maldita guerra, mil veces maldita.

Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 6 de abril de 1940

diumenge, 3 d’abril del 2011

Hacia el frente de Huesca 25-27/09/37

Trinchera en Lanaja, foto: Jose Francisco Navarro Belsue.
Una larga caravana formaba el convoy que nos conducía hacia el frente de batalla. Artillería, cocinas de campaña, carros ligeros de combate, en fin todo lo que necesita una verdadera brigada motorizada, llevábamos nosotros la intendencia en cada sitio marcado por el mando que nos aprovisionaba de víveres en conserva, puesto que era materialmente imposible hacerlo en caliente.

Con 6 horas de retraso sobre el horario marcado llegamos a Alcubierre, población cerca de la línea de fuego, y lugar de concentración de todas las fuerzas del Ejército del Este XI Cuerpo del Ejército, desde allí nos trasladamos con las fuerzas de mi batallón, a la población de Huerto, punto donde teníamos que acantonarnos para empezar la instrucción de los soldados.

Ataque republicano en el frente de Aragón. Foto: SERVICIO ESPECIAL
Una vez instalados y buscados lo diferentes lugares de acomodo para los soldados, se recibió una orden, en el sentido de que nuestro batallón tenía que acantonarse en las inmediaciones del pueblo de Alcubierre, y que saliéramos para el punto indicado tan pronto como la orden llegara a la comandancia militar. Antes de una hora, todo el batallón estaba formado y salíamos hacía el sitio marcado.

Llegados al punto indicado, acampamos y se organizó de forma rápida el bagaje de cocina, no había transcurrido dos horas de nuestra llegada a Alcubierre, cuando una contraorden ordenaba que volviéramos a nuestro punto de salida pues la proximidad del frente de batalla obligaba a tomar estas medidas puesto que de lo contrario no sería posible el efectuar la instrucción con normalidad. Pero el motivo a mi parecer no era éste, pues averiguadas las causas se dedujo que se trataba de ejercitar a la fuerza, a marchas pesadas, para mantener a los soldados en condiciones de lucha.

Frente de Alcubierre durante la Guerra Civil Española.
Ya instalados definitivamente la población de Huerto, seguíamos allí por espacio de un mes hasta que el día 10 de octubre, ante la escasez de tabaco, jabón, alpargatas y demás utensilios de bastante necesidad para la gente se me comisionaba a mi, junto con el sargento Ibars y el soldado Ferré, para que me trasladara a Tortosa y Tarragona a fin de conseguir todo lo indicado. Las amistades tanto comerciales como particulares que yo contaba me ayudaron muchísimo para conseguir estos artículos. El viaje lo realicé con el coche del comisario de mi batallón, lo que me facilitó mucho mas el poderlo realizar con mayor rapidez. Así también, me dió motivo a poder visitar a mis familiares pues sabiendo que Ulldecona queda cerca de Tortosa se comprenderá que antes de empezar mis gestiones me trasladara primeramente a mi pueblo para estrechar a mi famita en un cariñoso abrazo.

Ocho días me bastaron para conseguir todo lo necesario y pasado este tiempo regresé de nuevo para el frente. La separación de mis familiares fue mas emocionante que otras veces, parecía que sabía yo que no me volvería a ver mas con ellos y de esta forma me separe con la esperanza de verlos pronto pero no pasaba de ser esperanza, pues mi destino estaba marcado.

La alegría en mi batallón fue grande, cuando los soldados se enteraron que el cometido había sido cumplido con creces: tabaco, jabón, alpargatas, camisas, pantalones en fin objetos de sumo interés para el soldado fueron llevados hasta ellos con su natural alegría.

Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 2 de abril de 1940

dijous, 24 de març del 2011

Frente de Aragón

Momentos de verdadera emoción son aquellos en que inconciente uno, de los peligros de vas a correr, está contento y se anima, y disfruta de una verdadera alegría, porque sabe que va en busca de aventuras y sufrimientos los cuales solamente los ha vívido sentado en una butaca y a la luz de brillante lumbre hogareña.

Milicianos partiendo hacia el frente de Aragón

Si la mayoría de los participantes en la guerra civil española hubieran sabido de antemano lo criminal y horrendo que ésta fue, estoy mas de convencido que miles de ellos primero se hubieran suicidado que no afrontar las mil vicisitudes que tiene que afrontar uno en cualquier guerra armada, pero el desconocer toda esta serie de cosas le obligan a uno a sentirse un héroe, cuando en realidad no es más que un pobre juguete de unos políticos sin escrúpulos.

Eran las 10 de la noche, cuando en un tren militar salía hacia el frente de Aragón toda mi brigada. Los momentos no podían ser de más animación pues por todas las estaciones del trayecto miles de personas salían a aclamarnos, familias que despedían a sus hijos, mujeres que lloraban la separación del marido, hermanas que despedían al hermano en un abrazo fraterna, quizás el último de la vida.

El tren se  iba deslizando paulatinamente llevando encima miles de vidas jóvenes que tarde o temprano la muerte acabaría con la mitad de ellos en los fatídicos campos de batalla. Poco sabíamos nosotros el peligro que corríamos, pero la Patria, nuestro Gobierno, nos necesitaba y todo sacrificio era poco para salvarla. Llegamos el día 20 de julio a la población de Caspe, una de las poblaciones de la provincia de Zaragoza donde había sido teatro de sangrientas luchas. El convoy quedó allí parado por espacio de tres horas, hasta que una vez la máquina se aprovisionó de combustible, y seguimos nuevamente nuestra ruta marcada por el mando militar.

A las 10 de la noche del día siguiente de nuestra salida, llegamos a la Azaila, punto de destino, sitio donde los diferentes batallones de la Brigada se irían distribuyendo a los diferentes lugares marcados de antemano por el mando. El batallón mío se le asignó el pueblo de Sástago y allí estuvimos acantonados por espacio de dos días hasta que una orden superior ordenaba que todos los mandos tanto políticos como militares, hicieran entrega de sus tropas pertenecientes a la 140 Brigada Mixta y que se hicieran cargo de ellas los mandos de la 137 Brigada acantonada también en el mismo lugar, ordenando al mismo tiempo que todos los mandos de la 140 Brigada salieran inmediatamente para tarragona donde tendrían que organizar de nuevo otra vez la brigada con nuevo elementos llamados a filas por el Gobierno.

El día 27 de agosto  salíamos de Sástago en dirección a Tarragona llegando a ésta capital el dia 28 a las 3 de la tarde, a mi Batallón se le asignó para organizarse el pueblo de Montblanc de la provincia de Tarragona y allí quedamos acantonados esperando la incorporación de los nuevos reclutas.

En Barcelona funcionaba la Escuela Superior de Comisarios de Guerra instalada en Sarriá, dicha escuela era para capacitar en arte militar a todos los comisarios nombrados por el Gobierno, donde se les enseñaba táctica militar, topografía, y varias cosas más.

No habiendo o todavía, pasado por ella, llegando a Montblanc, se me ordenó por el Comisario de mi Brigada, que me trasladara a Tarragona donde allí me extenderían el pasaporte para que me trasladara a la Escuela de Comisarios y de esta forma el día 1 de septiembre de 1937 llegaba a la capital catalana, donde tenia tiempo de poder estar con mis familiares hasta el día 2 que era cuando definitivamente entraba en la escuela.

Ocho días duraron los cursos los cuales fueron bastante provechosos para mi puesto que  desconocía por completo el arte de la guerra, más a pesar del  poco tiempo que en ella estuve, aproveché lo bastante para saber como tenía que portarme en combate y la manera de saber defender las tropas que se me habían asignado así como también la manera de defender una posición.

Regresé a Tarragona, donde allí se me asignaron dos días de permiso los cuales los pasé en compañía de mi familia, los cuales ya me creían en el frente de batalla, motivo por lo cual la alegría de mis familiares fue inmensa cuando me vieron junto a ellos. Pasados estos dos días regresé de nuevo a Montblanc, donde seguía allí mi batallón dispuesto ya marchar de nuevo cuando lo ordenara el mando pues ya todos sus cuadros habían sido organizados todos.

No tardó en llegar la orden esperada y el día 25 de septiembre salíamos de Monblanc en dirección a Tarragona, donde allí nos esperaban los demás batallones de la Brigada para marchar juntos hacía el frente de combate. Esta vez tenia que ser definitivamente.


Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 23 de marzo de 1940

dissabte, 19 de març del 2011

Primer bombardeo de Tarragona

Descrito ya cual la misión del comisario de Guerra seguiré con lo que hace poco venía reseñando. Mi unidad a la cual había sido designado se encontraba acuartelada en el Cuartel del Seminario y el día 14 de julio 1937, en presencia de todos lo soldados que componían mi compañía, el Capitán de la misma, Juan Lladó Estilar, me daba posesión de mi cargo, prometiendo solemnemente cumplir y hacer cumplir las órdenes de nuestro Supremo Gobierno.

En la compañía, que ha partir de éste momento quedaba a mi mando, se encontraban alistados 4 soldados de mi misma localidad, y entre ellos mi cuñado Agustín Forcadell Morá y mi Primo Joaquín Roca Ferré, el primero a los 4 días de ingresar yo en ella, era destinado por conducto mío al Cuerpo de Tren de la 32 división donde se le destinaba como chofer del Comisario de la misma, y el segundo fue nombrado por mi como ayudante de campo mío.

Diariamente la compañía, de la cual era yo su Comisario, junto con todo el resto del Batallón, salíamos ha hacer practicas de instrucción en orden cerrado y abierto, para de ésta forma ir preparando a los soldados a un concienzudo esfuerzo colectivo para que en el frente no fuere tan pesado su organismo.

Los días iban pasando rápidamente, cuando el día 27 de julio, a las siete de la noche, tres escuadrillas de aviones enemigos, enterado de las concentraciones de tropas que había en la capital, se presentaron de improviso y empezaron a descargar su mortífera carga de bombas.

Aquellos momentos fueron de una angustia, de un pánico tan horrendo que solo el enumerarlo aquí mi horroriza, la población civil de Tarragona nunca había sufrido ningún bombardero, aquel fue el primero y su balance fue algo desastroso: 21 soldados, 15 paisanos y 2 jefes resultaron muertos, mas de 80 entre soldados, y paisanos resultaron con heridas de consideración, afortunadamente para mi y a pesar de encontrarme en plena ciudad conduciendo un soldado de mi compañía al hospital, no tuve que lamentar ni el más rasguño, la Providencia estaba de mi parte.

Amparándome en la amistad, que tenia con el Comisario de mi Brigada, disfruté de 2 días de permiso, los cuales pasaron como minutos, ya que pude pasarlos en compañía de mis esposa y padres, más a mi regreso, ya la Brigada había recibido la orden de salir para el frente.
Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 22 de marzo de 1940

divendres, 18 de març del 2011

Cargo de Comisario de Guerra de Compañia

Mi nombramiento, representaba el ser traslado de unidad, y el mismo día de mi nombramiento salía en dirección a la capital de Tarragona donde se encontraba acantonada la unidad donde había sido designado. Era ésta unidad la 140 brigada mixta, perteneciente también a la 32 división, y cuyo jefe era el Teniente Coronel Humberto Gil Cabrera. Por el nombramiento que había recibido, tuve que presentarme al Comisario de mi Brigada que era Luís Deltell Vernal y cumplido éste requisito fui destinado a la 3ª Compañía del 2º Batallón de la misma brigada. Quizás fuera necesario explicar detalladamente cual era la misión del Comisario de Guerra en la lucha, pero para no ser pesado en mi informe me limitaré a explicar en grandes rasgos la misión principal que tenía asignado.


Había cuatro categorías de Comisarios de Guerra, distribuido de la siguiente manera: Comisario de Compañía, Comisario de Batallón, Comisario de Brigada y Comisario de División. El Comisario de Compañía estaba asimilado a Capitán, el de Batallón a Comandante, el de Brigada a Teniente Coronel y el de División a Coronel. Sus órdenes eran cumplidas y ejecutadas por los soldados y oficiales inferiores de la misma manera que si fueran dadas por sus jefes superiores, tenían los mismos atributos y honores militares que aquellos a cuya categoría estaban asimilados y en caso de cometer faltas militares estaban sujetos al Código Militar, con todas sus consecuencias. La labor del comisario de Guerra tenía muchas más aplicaciones que la de los jefes militares, puesto que éstos solo se limitaba a lo estrictamente militar mientras que los comisarios no solo podían hacerse cargo de la fuerza en caso de morir en combate su asimilado militar sino que tenía la obligación de conocer en todo momento el estado moral y material de la fuerza, llevar una completa administración de la misma, leer y hacer cumplir sin reservas de ninguna clase las órdenes dictadas por lo superiores inmediatos, procurar que el soldado en todo momento tuviera todo lo necesario para que vida en trinchera fura lo menos pesada posible, organizar Hogares del Soldado, donde estuvieran incluidos en él bibliotecas, juegos de damas, dominós, parchises y varios juegos más de tino moral, organizar en ellos conferencias culturares y científicas, así como también obligar a los oficiales de sus respectivas unidades a dar conferencias de tipo militar para que el soldado en todo momento supera lo que tenía que hacer y la manera de poder entrar con garantías de éxito al combate. En fin, era el comisario el alma de ejercito, pero desgraciadamente no todos los comisaros cumplían con su deber, y en varias de las ocasiones el comisario fue motivo de que no se llevaran a la practica operaciones que hubieran sido de gran utilidad para la lucha que estábamos sosteniendo. No sé si mi actuación habrá sido como la de éstos comisarios que señalo, soy yo el menos indicado para hacer mi autocrítica, pero mis dos heridas sufridas en campaña y mi brillante hoja de servicios que conservo en mi poder, y el haber recibido en varias ocasiones felicitaciones que me llenan de orgullo por mi conducta intachable, son documentos suficientes para demostrar que siempre hice honor al cargo que se me otorgó.

Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 15 de marzo de 1940

dilluns, 24 de gener del 2011

El comité de enlace de los sindicatos y mi nuevo cargo como Comisario

La falta de elementos preparados, hacia imposible el recurrir a nuevos elementos para ocupar los cargos de éste nuevo sindicato y la mayor parte de los que formábamos ya el Sindicato de Oficios Varios, tuvimos que aceptar el nuevo cargo que se nos daba, un nuevo sacrificio se nos exigía, y no podía aludirse uno, porque no se trataba de intereses particulares, que había que defender, se trataba de poder actuar de una manera enérgica porque el peligro de expansionismo de la Confederación, le obligaba a ello.

Cuando se formó éste Sindicato, los atropellos fueron en menor escala, pero a pesar de ellos, había que seguir trabajando para eliminarlos totalmente y así paneamos el invitar a los elementos de la Confederación a formar un Comité de enlace, el cual regiría los destinos de la localidad, y de ésta forma los tendríamos envueltos de una manera diplomática, para conducirlos por el camino de nos interesaba a nosotros.

El 15 de enero del mismo año, se formaba el Comité de Enlace de los dos sindicatos que había en la población, y por estar yo desempeñando el cargo de Secretario en mi sindicato, tuve que intervenir en la formación de éste Comité, el cual una vez organizado me daba a mí un nuevo cargo político.

Se me asignó el cargo de Secretario General, con atribuciones de organizador general de todos los elementos campesinos, y de ésta manera nuestra batalla local había sido ganada, los atropellos iban a disminuir hasta eliminarlos totalmente.

Poco a poco el Gobierno de la República iba controlando a todos los elementos malos que aprovechando el momento de sublevación, se habían convertido en asesinos, bandidos, destructores de lo creado y de una manera paulatina iba organizando su ejército Popular, que tenia que darle en muy plazo, resonadas victorias.

Las necesidades de momento, me obligaron a tomar medidas que quizás en tiempo normal no las hubiera tomado y de ésta forma se comprenderá la necesidad de hombres aptos para la guerra obligó al Gobierno a llamar a filas a los contingentes de soldados que habían hecho el servicio militar durante los años 1932 y 1933. Entre estos éstos contingentes me encontraba yo y sin excusa ni pretexto tuve que presentarme a filas para cumplir la orden dada.

Quince días antes de la publicación del Decreto, tuve que renunciar a mis cargos que desempeñaba, para que de esta manera mi sucesor pudiera con la ayuda mía, ponerse en pocos días, al corriente de cuantos asuntos dependían de mis departamentos.

La orden de mi incorporación a filas, estaba dada para el día 1 de julio del año en curso, y de ésta forma no tuve mas remedio de presentarme el indicado día en la Caja de Recluta de la Provincia, para firmar mi hoja de servicios. Mi ausencia representaba un gran perjuicio a mi mujer y familia, los peligros de la guerra eran de suma gravedad y estaba expuesto uno continuamente a morir, pero la orden era terminante y no se podía faltar a ella, puesto que de lo contrario los Tribunales de Justicia militar lo sentenciaban a uno de una manera enérgica.

A las tres de la tarde del día 1 de julio de 1937 me presenté a la Caja de Recluta. Eran las cinco del mismo día cuando se me ordenaba nuevamente que pudiera regresar a mi casa y que allí se me comunicaría la Unidad militar a la cual será destinado y que a partir de la comunicación tenia que presentarme con urgencia al nuevo destino.



Cuando mis familiares me vieron regresar de nuevo a mi hogar, su alegría era inmensa, pero desgraciadamente esa alegría seria corta porque el día 4 del mismo mes, recibía una comunicación militar en la que se me ordenaba que habiendo sido destinado a la 137 brigada Mixta perteneciente a la 32 División, y cuyo cuartel general estaba en el Parque Samá de la villa de Cambrils, me personara inmediatamente a dicho lugar para ponerme a la órdenes de mis superiores. Efectivamente me personé donde se me indicaba en la comunicación y a las tres horas de mi presentación se me entregaba mi uniforme militar y todo el armamento propio de soldado. Era destinado al 2º batallón de la mencionada Brigada.


Varios días, transcurrieron, haciendo prácticas militares hasta, que una vez terminada la preparación militar correspondiente pudiéramos salir para el frente de batalla, pero parecía que la suerte me iba acompañar en esta empresa, y el día 13 de mismo mes recibía por órdenes superiores mi nombramiento de Comisario de Guerra de Compañía.


Francesc Roca Matamoros
Huetamo, Michoacán, 24 de enero de 1940